
El otro día estuve en el histórico café Tortoni copiando un poco la arquitectura. Es increíble la cantidad de gente (entre la que me incluyo) que estaba parada en la vereda, haciendo cola para conseguir una mesa. Cosa rara hacer cola para entrar en un café. Me imagine que el Tortoni de los veinte debía ser un lugar luminoso, tremendo, inquietante, en donde, entre glamour, cigarrillos y algún aperitivo podía comenzar una aventura. Quería el clima de un hotel en el Cairo, de una historia de Poirot.